RACISMO

Quiero que pienses por un momento en tus tres mejores amigos. Muy bien. Ahora piensa que hay una fiesta extraordinaria en tu casa. Tus padres han preparado con mucho entusiasmo lo necesario para que dicha fiesta sea un verdadero éxito y todos en tu grupo desean participar. Cuando comienzas a repartir las invitaciones decides no incluir a tus tres mejores amigos, sin darles ninguna razón, simplemente porque sí, porque lo dices tú. Si protestan le dices que no los quieres contigo, sin más explicación. ¿Cómo crees que se sentirían tus tres mejores amigos al ser excluidos del grupo sin ninguna razón lógica? ¿Cuál sería la reacción de los demás integrantes de tu grupo si esto ocurriera realmente? El racismo es un sentimiento exacerbado del «sentido racial» de un grupo étnico, que habitualmente causa discriminación o persecución contra otros grupos étnicos. Toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico. Una etnia es un conjunto de personas que tienen en común rasgos culturales, como también idioma, religión, celebración de ciertas festividades, expresiones artísticas (como música), vestimenta, nexos históricos, tipo de alimentación, y, muchas veces, un territorio o todas las opciones juntas, individuales o más de dos en común. La historia del mundo está llena de racismo. Y ha hecho mucho daño a hombres, mujeres y niños. Adolfo Hitler, por ejemplo fue un hombre político líder de Alemania que se dedicó al exterminio masivo de personas consideradas racialmente «inferiores» o «subhumanas», llevó a la muerte a poco más de seis millones de judíos, a homosexuales, gitanos, eslavos, discapacitados físicos, enfermos mentales, prisioneros de guerra soviéticos y otros. El racismo es un mal que provoca matanzas, contiendas y separaciones entre las personas. Los cristianos, por medio de una relación correcta con Jesucristo debemos aprender a valorar las diferencias que encontramos en otras personas. El Señor nos da una seguridad de su amor que nos capacita para dejar de considerarnos superiores a otros. Jesucristo nos enseña a reconciliarnos con personas de otras razas, lenguas, naciones. Nuestro Señor es un Dios de amor. Su amor es tan grande que no hace distinción entre personas por el color de su piel, o el largo de su cabello. No le interesa si eres más alto o más bajo. Si eres más rico o más pobre. Dice su Palabra que los fieles de Dios procederán de todas las razas y las tribus y los pueblos y las lenguas (Apocalipsis 5:9; 11:9; 13:7; 14:6; 17:15 RVR). Si este es el plan maravilloso del Señor, es importante que lo vayamos poniendo en práctica con Su ayuda. Las formas de comportarnos con nuestros compañeros de estudio, de trabajo y con nuestros vecinos, muestran cuan verdaderos cristianos somos. Nuestra actitud les enseña a los demás si en verdad amamos o no a los que nos rodean. Si decidimos tener una relación personal con Cristo, si decidimos seguirlo, ni siquiera nuestros pensamientos pueden mostrar exclusión entre los que nos rodean. El racismo no es un sentimiento que puede existir entre los cristianos. Oremos: Señor amado, gracias por amarnos tal y como somos. Perdona nuestros pecados y en especial cuando hemos hecho distinción entre una persona y otra, solo porque creemos que es diferente. Ayúdanos a ser cada vez más como Tú y a sentir amor por todos los que nos rodean. En el nombre de Jesús. Amén.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cambio de enfoque

Milagro