Milagro
La madrugada estuvo cargada de sorpresas. Recuerdo que no tenía sueño y me puse a leer un libro. De pronto, las luces de la sala comenzaron a parpadear. Me levanté del sillón y corrí a desconectar de la electricidad los equipos de la casa. Comencé a escuchar gritos de muchas personas. Al mirar por el balcón observé una gran llamarada en la parte de atrás del edificio en el cual vivo. Muy asustada fui al cuarto y desperté a mi esposo para contarle lo que estaba pasando. Él identificó rápidamente que el fuego provenía del parqueo en el cual guardaba su bicicleta. Bajó velozmente las escaleras para ver si podía ayudar en algo a los bomberos o al menos rescatar su preciado tesoro. Grande fue la sorpresa que los vecinos y yo nos llevamos al enterarnos que trece motocicletas y un vehículo estaban completamente carbonizados y que solo la bicicleta de mi esposo sobrevivió al incendio.
Existen muchas formas en las que Dios cuida a los que pertenecemos a Él. Esa bicicleta es la que mi esposo utiliza para buscar los alimentos en la casa, ir al trabajo y estar a tiempo en los cultos de la iglesia en la cual toca el piano. Es cierto que todos nos entristecimos por las pérdidas materiales de nuestros vecinos; pero a la vez sentimos paz al percibir la misericordia de Dios obrando a favor de mi esposo cuando cuidó su pequeño y necesario tesoro.
Comprendí que ese día en nuestras vidas experimentamos un milagro. El poder de Dios fue suficiente para que no perdiéramos aquello material que necesitábamos para suplir algunas de nuestras necesidades básicas. Se manifestó el testimonio de la misericordia y del cuidado de Dios a los que pertenecemos a Él.
Esto fue 100% real.
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