Apariencia

Sembrar plantas ornamentales es uno de mis pasatiempos favoritos. En el balcón del apartamento tengo varias macetas con plantas. A veces la lluvia las refresca y mantiene sus hojas verdes y lozanas. Hace un mes, aproximadamente, me regalaron una planta con tres hojas anchas, pero ésta no se desarrollaba. En cuanto le salía una hoja verdecita, se le caían dos. Como deslucía con mis flores decidí llevarla hacia la parte de atrás de la cocina y la coloqué en un pequeño rincón ventilado con mucha sombra y humedad. La quería cortar, pero sentía pena con la persona que me la había obsequiado. Pasaron los días y la planta creció tanto que sus nuevas hojas tomaron la forma de un diminuto árbol. Cuando mis amigos me visitan, se llenan de admiración al verla. Esto me hizo recordar el pasaje bíblico citado hoy. Las cosas simples de la vida me proporcionan grandes lecciones. Pensé que la planta que me habían regalado era ordinaria solo porque tenía tres hojas casi marchitas. Este juicio que yo misma hice me llevó a esconderla. A veces juzgo a las personas por su apariencia. Sin embargo, Jesús me dice una y otra vez que no debo mirar la apariencia exterior, porque Él ve más allá. Y Jesús es nuestro ejemplo a seguir — cada día. ORACIÓN DE HOY Señor, ayúdanos a no juzgar a las personas por su apariencia, sino proponernos a seguir tu ejemplo siempre. Amén.

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